Dieronme esta semana anterior, un panfleto. Y, como tengo por costumbre cogerlos (ni que tuvieran la lepra los pobres repartidores), pues lo cogí. Ea .He de reconocer que luego de leerlos (sí, les echo un vistazo) y cuando estoy algo alejada, los suelo tirar, porque, generalmente, no me interesa lo que anuncia. Pero este, fíjate tú, me interesó. Y, de hecho, me interesó tanto que decidí hacer una entrada. El título del panfleto, contundente y directo, es "Contra la represión del inmigrante en Asturias". Sin rodeos ni chiquilladas.
El panfleto habla de las fronteras tanto externas como internas, que tienen que sortear los que deciden venir a buscar un "futuro mejor". Cuenta todo el despliegue de medios para que no llegue inmigración, de esa que llaman ellos "ilegal". No sé, pero para mí, es más interesante, productivo y educativo, las charlas que se hacen en estos países para que la chavalería no se meta en una patera y termine en el fondo del mar ó, si llega, acabe con un trabajo de mierda, sin papeles y viviendo en un zulo. No me malinterprete nadie; pero, para pasarlas putas y que te traten como escoria, quédate en casa. Las mafias llenan los oídos de palabras bonitas, de promesas y cuentos de hadas. Al llegar aquí, por desgracia, la realidad les muestra todo lo contrario. Y el viaje, en patera, ronda los 2000 euros. No digo más.
Las fronteras internas, son los famosos "papeles". Esa tarjeta de residencia que necesitan para ser visibles, para ser considerados humanos. Todo aquel que carezca de ellos, es obligado a permanecer en la clandestinidad con el temor constante a ser arrestado como un vil delincuente y repatriado después de hasta 40 días de confinamiento. Podrían arrestar y repatriar a la isla más lejana, o incluso a alguna luna de Júpiter, a estos maleantes que tanto asco nos dan a todos. Pero no, a esos nos los dejan aquí tocando los huevos.
El panfleto nos cuenta también la existencia de persecuciones, detenciones y agresiones policiales al colectivo inmigrante. No sé por qué, pero lo último no me sorprende. Me asquea y me repugna (y me convierto en Godzilla), pero no me sorprende. Se ha aumentado el número de policías para impedir a los manteros la venta ambulante. Una práctica que no hace daño a nadie, menos a la jodida SGAE. Vale, ya me sé el cuento de lo de los derechos de autor y blablabla. ¿Sabéis cuánto cobra un inmigrante por cada disco que vende? 50 céntimos. Sí, esa mísera mierda. Así que os propongo que, la próxima vez que os vengan a vender discos y vuestro espíritu SGAE se revele, le deis al chaval 2 euros para que compre un pincho y coma algo. Mira, os sale más barato que comprar el Cd y a él fijo que le cunde más.
A propósito del tema, deciros que planean (creo que es en Italia, pero ya sabéis que , menos la hermosura, todo se pega) poner en pie una ley por la cual los médicos estarían-estaríamos obligados denunciar a aquellos inmigrantes en situación irregular que acudan a ser atendidos. Médicos sin fronteras no se ha hecho esperar y ha alzado la voz contra lo que consideran (y, de hecho, es) un atentado contra los derechos humanos. El miedo a ser descubiertos, haría que muchas personas dejaran de acudir al hospital. Con las consecuencias que ello acarrearía. No lo recuerdo muy bien, pero creo que, en respuesta a esto, MSF ha empezado la creación de una red sanitaria paralela para asistir a los inmigrantes ilegales sin miedo a posteriores represalias y repatriaciones.
Tengo la sensación de que para unas cosas el gobierno, la justicia y todos esos “superhéroes” de los calzoncillos por fuera no mueven un mísero dedo. Y, en cambio, para esto, mirad que prisa se dan y qué bien funciona todo. Podrían haber aumentado los efectivos policiales para que la gente estuviera más segura y dejara de haber ladrones de poca monta dándote el palo (por poner un ejemplo); pero no, han aumentado el número de policías para perseguir a los “top-manteros”. Manda cojones la cosa.